sábado, 3 de marzo de 2012

Los dos enemigos de la propiedad privada. El desastre Toyota y el desastre TÜV Rheinland

La propiedad privada es la clave de las libertades públicas. Pero su principal enemigo no es el Estado –o lo es, simplemente, por ser grande- sino también los tres tipos de grandes propiedades: la multinacional, los mercados financieros y las empresas reguladas.
De los bancos ya he hablado en la anterior historia En esta segunda, me centraré en una multinacional y una empresa de Inspección técnica de vehículos. Para ser exactos, en Toyota y en la ITV, TÜV Rheinland.
Es la historia del propietario de un vehículo Toyota, 14 años de antigüedad. Las empresas de inspección no son sino una regalía del Estado para forrarse con un negocio de sopa boba: no tienen que competir porque ofrecen un servicio de suscripción, es decir, de pago, que es de obligatorio cumplimiento por parte del ciudadano, es decir, del pagano. Todavía no se ha demostrado que sirva para algo, pero está claro que no responden ante el cliente, sino ante el poder que les otorga la concesión.
El vehículo llevaba 10 años de revisiones sin ningún problema pero, mira por dónde, el celoso funcionario de la ITV descubrió que el número de bastidor –veinte digitos- no coincidía con el de la ficha técnica… ¡en una de las letras! Y aquí comienza el calvario del propietario pagano, del cliente, del pequeño propietario de un automóvil más que usado.
El fallo es del fabricante, la multinacional japonesa Toyota, pero eso a Toyota le importa un rábano. Es el comprador quien corre con la multitud de gestiones necesarias para cambiar una letra en un papel. Es Juan español quien se somete, no por gusto, a los nuevos métodos de las multinacionales: todo hay que hacerlo por teléfono, gastos con cargo al usuario. Mucha amabilidad en una señorita que “abre un expediente” y que utiliza medios funcionariales: retrasos en la solución del problema, constantes exigencias de nueva documentación -¡y el fallo era suyo!- y así hasta vencer el plazo que los otros funcionarios de negocio de sopa boba, TÜV Rheinland, habían otorgado graciosamente para no inmovilizar el vehículo.
Al final, como un gran favor hacia el inocente puñeteado, el grupo multinacional TÜV decide ponerse en contacto con el grupo multinacional Toyota para graciosamente, concederle al atribulado pagano de ambos la oportunidad de poder seguir utilizando su propiedad privada pequeña, es decir, su automóvil.
Y todo ello vuelve a hacer realidad el viejo dicho de Chesterton: “¿Qué más me da que todas las tierras del condado sean propiedad del Estado o lo sean del Duque de Sutherland?”. En efecto, tanto las grandes propiedades privadas como el Estado son ingobernables por ser grandes y, encima, abusan del pequeño.
Con razón aseguraba el mismo Chesterton –por cierto, aconsejo a los madrileños acudir al Congreso del CEU sobre su persona- que a toda megapropiedad había que freírle a impuestos hasta que volviera a ser pequeño. O eso, o fisionarla.
Eulogio López
eulogio@hispanidad.com

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